Innumerables son los habitantes de las aguas, especies animales y vegetales aún desconocidas, las sirenas son, entre ellos, los más conocidos. Las sirenas son el equivalente a las ninfas pero en el mar. Se dice que residen en la zona de Sicilia cerca del cabo Pelore.

De acuerdo a la mitología sus padres fueron Calíope y el río Aquelao, según otras versiones Forcis o Gea. No se sabe exactamente cuantas sirenas existen actualmente, hay quienes afirman que en un principio eran tres, pero también se dice que fueron cinco e, incluso ocho.

Difícil es dilucidar el verdadero origen de las sirenas. En la época griega, eran representadas como seres alados, con cara humana y cuerpo de ave como lo prueban diferentes vasijas griegas antiguas. Su transformación en criaturas mitad mujer, mitad pez, con la parte inferior recubierta de escamas, se remonta al parecer a la Edad Media y a las leyendas celtas y germánicas. Pero, ya bajo el Imperio romano, se les confunde con las Nereidas, las cincuenta hijas de Nereo, dios marino, y de Doris, descendiente del titán Océano. Las bellas Nereidas son las ninfas del mar y por lo tanto no es sorprendente que hayan sido tomadas por sirenas, también figuras marinas. También puede encontrarse una semejanza con las sirenas en la diosa Afrodita hija de Zeus, que fue diosa del amor y protectora de los marinos. Su espejo ha sido heredado por toda la estirpe de sirenas.

La mitad de su cuerpo es el de una mujer delgada y de extrema belleza con largos y hermosos cabellos, el resto es similar al de un pez ya que se compone de una cola cubierta a su totalidad de escamas y unas pequeñas aletas que le permiten nadar.

Las sirenas son personajes mitológicos cuyo canto embrujador llevaba a los marinos a la perdición. Sus métodos de seducción variaban de un relato a otro, pero todas ejercían una atracción sin parangón sobre los navegantes. Su canto es tan bello que los marinos que las escuchan no pueden resistírseles y dirigen sus naves contra los arrecifes. Los supervivientes son asesinados sin piedad. Este canto se revela melodioso y desgarrador, y está colmado de bellas promesas.

Las sirenas alcanzaron gran popularidad gracias al folklore nórdico el cual hace referencia a la presencia de sirenas a lo largo de sus costas, mientras que la mitología germánica las ve surgir de la espuma de las olas. La tradición bretona relata que Ahez, hija del rey Grallon, habría sido sumergida en las aguas por haber entregado la ciudad de Ys al diablo y a las olas, y se habría convertido en sirena.

A las sirenas generalmente se les representa desnudas y se les describe con frecuencia asomándose a la superficie del agua, o sentadas en una roca, peinándose su largo cabello con una mano y un espejo en la otra. Posteriormente, las sirenas pasaron a ser consideradas divinidades del más allá, y se suponía que cantaban para los bienaventurados en las Islas Afortunadas. Fue así como pasaron a representar las armonías celestiales y es así como las dibujan en los ataúdes y sarcófagos.